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ACTO DE CLAUSURA (1 de Diciembre de 2000)
Ilmo. Sr. D. Domingo Jiménez Beltrán
Director Ejecutivo. Agencia Europea del Medio Ambiente


Muchas gracias Gonzalo.

Para mí, que he participado en la Sesión Plenaria de esta mañana, creo que es una alegría, en primer lugar, que este Congreso haya llegado a su quinta celebración. En esto de lo ambiental, la constancia es capital. Hay que felicitarse por haber llegado hasta aquí y, sobre todo, por las perspectivas que se abren. Enhorabuena por el Congreso y también por las conclusiones que, sin haberlas conocido previamente, estoy seguro podría suscribir en aspectos generales.

Lo importante, como se ha dicho esta mañana, es el periodo “intercongreso”, es decir, lo que va a pasar ahora entre este congreso y el siguiente. Es esencial, en el próximo congreso, comprobar el cumplimiento o respuesta a las conclusiones que desde aquí se han planteado, que calificaría de ambiciosas e inteligentes.

Es cometido de este Congreso el intercambiar información y añadir conocimiento, quizá, a veces, a lo ya sabido, pero la perspectiva global o integral es importante. De hecho, es uno de los elementos que debe guiarnos hacia el desarrollo sostenible.

Todo el mundo sabe que en el ámbito comunitario se está impulsando la llamada economía del conocimiento, la nueva economía. Y, ciertamente, este nuevo paradigma concuerda con el desarrollo sostenible, que está basado en la innovación. El desarrollo sostenible ya no es una ensoñación ecologista, no es un criterio ambientalista, está consagrado en el Tratado de Amsterdam, y es un objetivo de la Unión Europea.

Por este motivo, me resulta sorprendente que se diga en el borrador del Plan Hidrológico Nacional (Volumen de Medio Ambiente, página 256-257) que el desarrollo sostenible es un concepto emergente y que, además, se señale que el desarrollo sostenible, por ahora, equivale a sostenibilidad económica. Yo creo que con estas referencias es difícil enderezar un plan. Es importante que se hable de innovación. Se trata de la economía del conocimiento, no del desconocimiento. Y es importante también que esto se internalice. ¿Por qué lo digo? Porque creo que en este Congreso ha habido mucha gente preocupada en los Grupos de Trabajo y yo pienso que hay que pasar de la preocupación a la ocupación.

Este país empezará a ponerse en cabeza, como se merece, el día en que haya más empresas consultoras y de ingeniería, más licenciados, más ingenieros, que trabajen y se ganen la vida en el sector del medio ambiente y del desarrollo sostenible. Mientras el desarrollo se juzgue sólo por el beneficio de los bancos y de las grandes empresas, estaremos inmersos en una economía de la especulación, no en una economía de la innovación y el conocimiento. Y a lo que dijo el Vicepresidente del Banco Mundial: “con corrupción no hay desarrollo sostenible”, yo añadiría: “con especulación tampoco, no hay desarrollo sostenible”.

Hay que señalar en este sentido, cómo no, a las grandes empresas. España tiene grandes empresas que se anuncian en televisión como la cuarta o quinta, a escala mundial. Si miramos en el Financial Times, hay muchas páginas dedicadas a las grandes empresas españolas; muchas de ellas están hoy en los periódicos económicos de todo el mundo. Sin embargo, no veo a los representantes de esas grandes empresas muy activos en estos foros ni en otras reuniones similares internacionales. Aunque hay algunas empresas que han dado un paso adelante, como Aguas de Barcelona, que está integrada ahora en el WBCSD, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Debemos empezar a pensar en que es imprescindible superar el negocio a corto plazo. Ya hace unos años, el entonces Presidente de Endesa, Feliciano Fuster, dijo en Ecomed (Barcelona), que el desarrollo sostenible no es más que la economía de la permanencia. Y ¿qué empresa no aspira a permanecer? Hoy, en Europa, se tiene ya conciencia de que no hay mejor negocio que el negocio sostenible. Dentro de pocos años, no habrá otro tipo de negocio.
Los que no lo crean, que miren el índice Dow Jones de las empresas analizadas bajo el llamado “Índice de la Sostenibilidad”. Hay 2.000 empresas sometidas a un análisis, que, como se ha explicado, no sólo es un análisis económico, sino también ambiental. Y es de destacar que estas empresas han rendido más para sus accionistas que la media del resto de las empresas controladas bajo el índice general Dow Jones; por tanto, esto se traduce también en beneficios económicos. Lo importante es que se relacione la bondad económica con la bondad social, ética, económica, etc. Éste es un elemento importante que cada día cobra más fuerza. Los británicos dicen, con su espíritu siempre de síntesis: “haga usted buen negocio haciendo el bien”.

Los valores de las acciones representarán cada vez más el grado en que la empresa sirve los valores de los accionistas, los valores de los trabajadores, como aquí se ha dicho, y los valores de los clientes. Cualquiera que conozca un poco este mundo sabrá que BP está cambiando su nombre y se va a llamar ”Beyond Petroleum” (más allá del petróleo). Y hoy, a pesar de que su cifra de negocios de energías alternativas es sólo de un 1%, representa la mayor cifra a nivel mundial en el negocio de las energías alternativas. Lo que a mí me gustaría es que, hablando de empresas españolas, Repsol, en lugar de sólo decir que es la quinta o la sexta del mundo, recrease su imagen y su nombre, y pudiera ser, a partir de ahora, rebautizada como: “Reinventando Prometedoras SOLuciones: REPSOL” (“Reinventing Power Solutions”, en inglés); o que Endesa se llamase “Empresa Nacional para el DEsarrollo Sostenible y Alternativo”.

Bromas aparte, estamos ante un desafío, y por eso miro a las empresas, que son quienes van a empujar a la administración. Y se habla mucho de la administración, pero está también la sociedad. La sociedad también empuja a la administración y es la que debe moverse. Creo que esto es un elemento importante, y yo desafío a que este Congreso, en su próxima edición, haga un ranking. Y ¿por qué no? En la sexta edición, se puede presentar un ranking de empresas y un ranking de municipios, ya que aquí se ha dicho que hay municipios que están haciéndolo bien. Algunos municipios se están moviendo y esto va a suponer un avance importante. Tratemos de imaginar que Madrid y Barcelona no sólo compitan en fútbol, sino también en cuanto a indicadores ambientales. Yo les aseguro que mejoraría el medio ambiente. Esto ya ocurrió cuando se compararon en resultados del día de Ciudades sin Coches, y Madrid cumplió peor que Barcelona. Creo que esto nos fastidió a todos lo madrileños. Es hora de competir en más cosas que en el fútbol. Hacer un ranking sería una buena cosa para ir empezando.

Y también las Comunidades Autónomas deben convencerse de que hace falta avanzar en estos términos. Hay que disponer de planes para un desarrollo más sostenible a nivel regional para saber dónde se va, pues como se dice en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas: “Si usted no sabe dónde va, cualquier camino le llevará allí”.

Estamos pendientes de verdaderos planes o estrategias a todos los niveles. Lo que la Unión Europea está descubriendo es que más mercado no implica menos política, sino más política y nuevas formas de hacer política. En la Unión Europea se están desarrollando nuevas formas de hacer política, y se está empezando por revisar las políticas sectoriales. Y ¿saben ustedes lo que se ha descubierto al analizar, en el llamado proceso de integración, si las políticas son consistentes y coherentes con el medio ambiente?: Al analizarlas al mismo tiempo se ha detectado que hay algunas incoherencias incluso entre ellas. La política de Agricultura (intensificación de la agricultura) no responde a la política energética; como ha manifestado Loyola de Palacio, diciendo que vamos a una crisis energética, no sólo en cuanto al cambio climático, también vamos a una crisis de dependencia energética, que pasa del 50% al 70%. ¿Qué pasa? Que la Agricultura no se acaba de enterar. Ni tampoco el Transporte parece enterarse de que va a aumentar en su consumo de carburantes más de un 30% de aquí al 2010. Y, en España, ha aumentado el consumo de carburantes un 7% a primeros de noviembre con respecto al año anterior, mucho más que la economía.

Luego, ¿dónde está el secreto? Está en lo que aporta el medio ambiente, que aporta, con el paradigma del desarrollo sostenible, una referencia de futuro y que es de interés para las políticas sectoriales y también para los empresarios con ánimo de permanencia, no de especulación. Por eso creo que España necesita más políticas: más políticas sectoriales y una política ambiental reforzada que propugne una verdadera estrategia nacional para el desarrollo sostenible.

Hay que aprender la lección europea en este caso; la UE (y también 8 Estados Miembros) está avanzando en este aspecto, con el desarrollo de estrategias sectoriales (Agricultura, Transporte, Energía...) más sostenibles, un 6º Plan de Acción de Medio Ambiente y una Estrategia para el Desarrollo Sostenible, con pasos más firmes que la otra economía con la que compite, que es la economía de EE.UU. Y esto está preocupando a EE.UU. porque Europa muestra que con ello además aumenta su competitividad incluso en puros términos económicos. Y todo esto es aplicable en el contexto actual español del PHN; necesitamos un buen Plan, que responda a la lógica de la sostenibilidad, y no planes que contribuyan a la insostenibilidad.

Para finalizar, debemos apostar por un cambio, como apuestan las conclusiones. Pero, sobre todo, un cambio fuertemente innovador, con un claro mensaje al empresario de que no se trata de menos negocio, sino de más negocio pero distinto.

A la vez que clausuro este Congreso, inauguro otro que corresponde al periodo intercongreso. Por tanto, quiero clausurar el V Congreso Nacional del Medio Ambiente, pero abro el V Periodo Intercongreso, para un Desarrollo más Sostenible. Quiero también clausurar la “preocupación” de los profesionales y abrir este Congreso a la “ocupación” de los profesionales; quiero clausurar la ignorancia de los distintos sectores de la administración pública, de la empresa y también, por qué no, de nosotros, los profesionales, y abrirnos todos a la innovación y a los conocimientos; quiero clausurar el periodo de la especulación y del mal hacer, para pasar al de la responsabilidad y el buen hacer en los negocios; y, sobre todo, clausurar, como decía antes, la falta de políticas, programas y planes sostenibles, y pasar a un verdadero desarrollo que nos lleve a prosperar realmente y clausurar, finalmente, la falta de cohesión que, a veces, se aprecia en la sociedad española, y pasar a un desarrollo más sostenible.

Creo que España, si se clausura este Congreso abriendo todas estas esperanzas, puede apostar por ponerse a la cabeza del desarrollo sostenible. Esto es lo que más debe permitir este Congreso que hoy tengo el honor de clausurar. Se clausura este Congreso con una apertura hacia el VI Congreso, que deseo sea esperanzadora para España.

Gracias.

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