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| Relatores: Gonzalo Echagüe. Colegio Oficial de Físicos Concepción Toca. Colegio Oficial de Físicos Alberto Virto. Colegio Oficial de Físicos Colaboradores técnicos: Rosa González. Colegio Oficial de Físicos José Manuel López-Cózar. Colegio Oficial de Físicos Javier Ocaña. Colegio Oficial de Físicos Mª Luz Tejeda. Colegio Oficial de Físicos Coordinadora: Alicia Torrego. Colegio Oficial de Físicos |
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El uso de la tecnología nuclear en la producción de electricidad lleva aparejado algunos inconvenientes consubstanciales al desarrollo de esta actividad, como es la generación de residuos radiactivos. La dificultad que entraña eliminar estos deshechos que tardan miles de años en llegar a niveles de radiación del orden natural representa un peligro potencial para el ser humano, un riesgo que se transfiere a futuras generaciones. Por tanto no nos referimos a un tema baladí, a un problema menor que se pueda ignorar o se pueda postergar indefinidamente. Los residuos radiactivos son hoy en día una preocupación ambiental de primer orden. La solución a los residuos radiactivos resulta tan compleja como necesaria. En estos momentos, España vive una situación de moratoria en materia de residuos de alta actividad. Como se especifica en el V Plan General de Residuos Radiactivos, hasta el año 2010 no habrá una resolución en firme al problema que plantea su almacenamiento. En este sentido, todos los esfuerzos se están encaminando a evitar decisiones irreversibles que comprometan a generaciones venideras. Pero, sin embargo, el rechazo frontal del público en general puede paralizar la toma de decisiones. La aceptación social tiene una importancia capital. Actualmente todo lo concerniente a la industria nuclear resulta inextricable y está íntimamente relacionado a connotaciones psicológicas negativas. Una educación e información adecuada sobre las técnicas disponibles o el fondo del problema facilitará la adopción de medidas concretas. La situación que tenemos en estos momentos no se circunscribe, exclusivamente, a nuestro país. Nos enfrentamos ante una problemática de gran transcendencia, ante una preocupación que traspasa las fronteras nacionales y que atañe, prácticamente, a todos los países de nuestro entorno. La falta de información, ya no sólo en materia de residuos radiactivos sino en general sobre el mundo científico y tecnológico, aqueja de forma endémica a todos los países industriales. Pero, si realmente queremos resolver con éxito este problema ambiental de gran calado social será necesario desarrollar o idear estrategias de comunicación convincentes. En un sistema democrático no cabe plantearse actuaciones en contra de la voluntad de la población. Un grado óptimo de aceptación pública daría pie y facilitaría gradualmente la toma de decisiones políticas para obtener las autorizaciones oportunas. Es absolutamente imprescindible contar con la aquiescencia de la sociedad para llevar a cabo con normalidad las actividades relacionadas con la gestión de los residuos radiactivos, tanto la recogida, como el transporte, el acondicionamiento y su almacenamiento. Así, se debe perder el miedo a un debate público responsable, único posible en una sociedad políticamente estructurada bajo valores democráticos, en el que la aplicación de los conocimientos científicos y técnicos pueda ser cuestionada o defendida, dado que cualquiera de las opciones por las que finalmente se opte repercutirán en la sociedad en su conjunto. Pero, de fondo, subyace un debate más profundo que pone en tela de juicio el uso mismo de la energía nuclear. Como se ha recogido en este libro algunos sectores políticos y sociales cuestionan la rentabilidad de esta energía en baremos ambientales y de salubridad, opinan que cualquier solución a los residuos radiactivos pasa por dejar de producirlos. Evaluar los pros y los contras de la energía nuclear y la viabilidad de un hipotético cierre de las centrales es un debate que queda pendiente y que habrá que afrontar razonadamente. Pero, aún así, es innegable que los residuos nucleares existen y al margen de las preferencias de cada uno, ya sean pronucleares o antinucleares, habrá que tomar una determinación. No por ignorarlos vamos a conseguir que desaparezcan. En líneas generales, se destacan los siguientes aspectos: Percepción negativa El sector nuclear, y por extensión la gestión de los residuos radiactivos, es uno de los más cuestionados por la opinión pública en los últimos años. Las actitudes y opiniones de la población española hacia la temática nuclear son inequívocamente negativas y así lo ratifican la totalidad de los estudios realizados hasta la fecha. Uno de los motivos principales del recelo de la sociedad a algunos aspectos del desarrollo de la industria nuclear lo encontramos en la percepción de peligro, que va más allá de la mera concepción de riesgo. Arriesgarse, es algo que se asume, implica voluntariedad; por contra el peligro viene dado, es externo al sujeto. En el caso de los residuos radiactivos el ciudadano considera que está expuesto a un peligro ineludible donde no se puede renunciar a su afrontamiento, y de ahí su rechazo absoluto. Profundo desconocimiento En el problema de los residuos radiactivos se concita la percepción negativa con el profundo desconocimiento en esta materia, según se desprende de varios estudios realizados sobre la materia. Información al público Dado que una parte del desenfoque del problema se debe a la falta de conocimiento del público en general sobre la realidad de los residuos radiactivos, se considera requisito básico potenciar la información y la comunicación. En este sentido, el sector nuclear ha lamentado, en numerosas ocasiones, la falta de informadores cualificados que sepan traducir la compleja jerga técnica del sector al lenguaje de la calle, sin caer en el alarmismo o el sensacionalismo; y han criticado la información simplista, confusa y cargada de connotaciones negativas que dan algunos comunicadores. Así, es necesario organizar cursos de información a formadores, para que no se mezclen términos intrincados, para que no haya conceptos mal entendidos que desinformen al público. Pero, evidentemente, no se puede atribuir a la labor periodística la disociación entre la opinión de los expertos y el ciudadano. Durante muchos años lo nuclear ha estado rodeado de un excesivo mutismo, incluso cierto oscurantismo, que a la larga ha provocado el recelo de la sociedad. Sin embargo, últimamente se observa una política más abierta y transparente de determinados organismos. Cada vez es mayor la vocación de algunas instituciones públicas como, ENRESA, el Consejo de Seguridad Nuclear o el Ministerio de Industria y Energía, por informar sobre sus actividades o sobre el problema y las soluciones disponibles a los residuos radiactivos de alta actividad. Divulgación científica La dificultad en acercar la información relativa a los residuos radiactivos al ciudadano, presenta en España una característica común al resto de los países, que es la de aproximar una realidad vinculada a una alta tecnología. Tradicionalmente esta materia ha sido tratada por técnicos con una jerga propia de esta área del conocimiento. Ahora, si se quiere un acercamiento a la población, hay que utilizar un lenguaje más sencillo y comprensible, en definitiva propio de la divulgación científica. Esta barrera idiomática ha sido y todavía sigue siendo, fuente de gran incomprensión. Los expertos del ámbito nuclear deben empezar a considerar como parte integrante de su trabajo los aspectos de su trabajo relacionados con la comunicación. Un foro de información nacional Dado que el problema de los residuos radiactivos es un problema de la sociedad en general, sus representantes deben participar en la comunicación. Por lo tanto, tal y como concluía el IV Congreso Nacional del Medio Ambiente es necesario crear un foro de información continuado en el tiempo en materia de residuos radiactivos. Un tejido comunicacional de instituciones representativas de la sociedad española compuesto por universidades, colegios profesionales, empresas eléctricas, organizaciones de consumidores, sindicatos, representantes políticos, etc. para que todos los estamentos sociales se involucren en la acción de informar, para que el ciudadano perciba con mayor claridad necesidad de resolver el problema de los residuos radiactivos en España. Este foro deberá cumplir con las premisas de objetividad, claridad, independencia y credibilidad de la información sobre la situación actual existente. El Consenso político, clave en la toma de decisiones La gestión de los residuos radiactivos, al igual que el resto de los residuos generados por esta sociedad, es una actividad que se desarrolla a lo largo de muchos años. Por consiguiente, constituye un problema que pervive a partidos políticos o a legislaturas; se convierte en una cuestión de Estado, en un problema de toda la sociedad en su conjunto, que no se puede asociar a la labor concreta de un gobierno o un grupo parlamentario. Por tanto, el consenso político y por extensión el consenso social es imprescindible para marcar una línea de acción conjunta que soluciones este problema de gran magnitud que se transfiere a próximas generaciones. Campañas de información Una vez más, como en tantas otras ocasiones, la información al público es clave para la resolución de los conflictos ambientales. El V Plan General de Residuos Radiactivos, de julio del 99, consciente de la negativa percepción sobre los temas relacionados con la radiactividad, y el desconocimiento de las soluciones técnicas al problema de los residuos de larga vida, cree que es necesario poner en marcha campañas de información/formación lo más amplias posibles para facilitar el mejor conocimiento y comprensión tanto del problema que se va a solucionar, como de la tecnología que se quiere utilizar para conseguirlo.
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