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Relatora:

Mª Carmen Muñoz Jodar.
Unión Profesional

Colaboradores Técnicos:

Elías Casado Granados.
Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía

Enrique Jesús Martínez Pérez

Beatriz Rodríguez García.
Unión Profesional

Coordinador:

Gonzalo Muzquiz.
Unión Profesional




A lo largo de este Congreso se han ido escuchando y exponiendo hipótesis, teorías, ideas u opiniones de todos los tipos y colores. Casi siempre sectoriales, especializadas, técnicas y científicas. Ha habido espacio para la política, pero sobre todo para la reflexión. En esta línea, este trabajo no pretende más que hacer comprender que la especialización es necesaria en un mundo tan complejo como el nuestro, pero que el exceso de especialización puede conducirnos a crear mosaicos incomunicados entre sí y, sobre todo, ajenos a la sociedad. Es necesario por todo ello huir de la “barbarie del especialismo” de la que hablaba Álvaro D’ors en 1970. Si la especialización no va acompañada de perspectiva general, se pierden referencias, se pierde el origen y vamos a dar a una realidad caleidoscópica. El Profesor Fernández del Moral, anterior decano de la Facultad de CCII de la UCM, señala que seria como el que estudia un tramo intermedio de un itinerario sin saber porqué ni para qué .

La globalización es un fenómeno imparable e innegable. El debate ha de centrarse ahora, no en la negación o afirmación de su existencia, sino en el modelo de globalización que estamos dispuestos a construir. Si decidimos hacer de la globalización un fenómeno o un problema. Si, finalmente, decidimos hacer una globalización constructiva tendrá que ser a través de conceptos tales como cooperación o integración.

Extrapolar modelos de países occidentales a otras regiones se ha demostrado ineficaz y contraproducente. Las diferentes problemáticas que afectan a las regiones y continentes son suficientemente heterogéneas como para reclamar políticas adaptadas a tales realidades. De ahí que conceptos tales como sostenibilidad hayan de ser llevados a la práctica caso por caso. El desarrollo de que pueda dotarse una ciudad como Calcuta o México D.F. en nada tiene que ver con ciudades como Berlín o Londres. Éstas últimas están sujetas a modernizaciones tranquilas, en las que la presión demográfica, tecnológica y medioambiental no es tan abrupta como en las primeras. La interpretación de la “sostenibilidad” es muy diferente según los casos.

Algo debe estar fallando en un mundo en el que cada día gastamos 2.000 millones de dólares en armas. El orden de prioridades de las grandes potencias debe cambiar o de lo contrario será muy difícil del avance. Como el Profesor Rafael Calduch afirma que el mundo de las relaciones internacionales tiene un protagonista y un destinatario que es el Hombre con mayúsculas. Éste “constituye el agente y la razón última de cualquier acontecimiento internacional”. Obviar esto puede conducirnos a que en ocasiones olvidemos que tras las decisiones gubernamentales, supranacionales, empresariales,..., se encuentran personas “con sus vidas, sus sentimientos, aspiraciones, conductas, ambiciones y temores”. La subjetividad de la que está impregnada la política o la economía son origen del problema, pero –por otra parte- son insoslayables. Exigen reflexión y crítica, pero el cambio que se opere en ellas será pequeño y, con suerte, gradual.
Los plazos en la sostenibilidad han de considerarse abiertos y flexibles en torno a: un corto plazo, con las actuaciones cotidianas, días a día; un medio plazo, con los esfuerzos en planificación sostenible; un largo plazo, donde estarán los presupuestos que se relacionen y usen para conseguir continuamente Desarrollo Sostenible.

En muchas ocasiones las críticas y temores están fundamentados sobre todo en el desconocimiento o desinformación de algunos sectores de la población. La OMC, por ejemplo, no tiene como misión velar por el medio ambiente. En cualquier caso, sí es cierto que sus decisiones afectan en muchas ocasiones al medio ambiente.

No bastan las buenas intenciones. A pesar de los acuerdos, pactos y convenios internacionales y nacionales firmados no parece haber un gran convencimiento en lo rubricado. El incumplimiento de promesas y la improvisación de fórmulas es la realidad a la que nos enfrentamos constantemente. A este respecto, es necesario articular nuevas fórmulas de control y vigilancia, con objeto de tener un conocimiento exacto de la aplicación de las políticas. La ausencia de eficiencia económica y política es un mal que nos aqueja.

Hay que buscar en los distintos niveles de observación internacional, europeo, nacional, autonómico, provincial, local y personal los distintos modelos creativos que integran lo económico, lo social y lo ambiental, como es el caso de las Agendas 21 Locales.

Tratar de abordar un problema a base únicamente de políticas, no parece la mejor fórmula, a juzgar por sus resultados. Para crecer en “cultura ecológica”, que haga reconocer y reconciliar las relaciones del ser humano con el entorno que le ha tocado vivir, integrando cada vez más y mejor los conceptos y contexto de la sostenibilidad, los procedimientos para llegar a ella y las actitudes que se han de desarrollar para participar en su consecución.

La formación y la educación desde las escuelas y a través de los medios de comunicación resulta esencial si lo que se pretende es articular una red interactiva entre sus miembros. El fin último de todo esto no debería estar tan sólo en la conquista del
“medio” ambiente, sino en la del “buen” ambiente.